Los datos de CICCRA revelan un doble fenómeno alarmante: mientras el consumo de carne vacuna local cae a niveles inéditos por los bajos salarios, las importaciones desde Brasil marcan un récord histórico. El mecanismo detrás de una dieta que pierde calidad para sostener las ventas al extranjero.
Redacción EL ARGENTINO
El consumo de carne vacuna por habitante en la Argentina tocó su nivel más bajo en por lo menos las últimas dos décadas. De acuerdo con los datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), analizados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el promedio de los últimos doce meses marcó una caída interanual del 6,1%, ubicándose en apenas 47,5 kilos anuales por persona.
El deterioro responde principalmente a factores vinculados de manera directa con la contracción de la demanda interna y el atraso de los salarios. Desde los organismos técnicos atribuyeron esta drástica baja a la pérdida del poder de compra que experimentaron las familias argentinas, producto de la sostenida suba del precio relativo de la carne vacuna frente a los ingresos fijos, una tendencia que se consolidó en las últimas cuatro semanas con un nuevo incremento del 3,5% según mediciones privadas.
En forma simultánea al desplome del consumo local, las importaciones de carne alcanzaron un techo histórico. Durante el último mes ingresaron al país casi 5.600 toneladas de carne porcina, cerca de 4.700 toneladas de carne aviar y más de 3.400 toneladas de carne vacuna. Según los registros oficiales del Indec, el 95,6% del volumen total importado provino de Brasil, un mercado caracterizado por una calidad sensiblemente menor a la de la producción ganadera tradicional de la Argentina.
Los analistas económicos advierten que la combinación de ambos fenómenos refleja una dinámica alarmante: la carne vacuna argentina de mayor calidad se orienta casi con exclusividad a la exportación, lo que presiona sobre los precios de las góndolas locales. Lejos de abaratar los costos en el mostrador, la apertura de importaciones expone un empeoramiento en la dieta de los hogares argentinos, donde este alimento central continúa perdiendo terreno frente a otras opciones.