Productores de San Salvador advirtieron que los precios estancados y la suba del gasoil destruyeron los márgenes económicos. Afirman que hoy solo quedan 140 de los 700 productores que llegaron a trabajar en la región y reclaman con urgencia créditos del Banco Nación para sostener la actividad.
Redacción EL ARGENTINO
La crisis económica y los desequilibrios de costos volvieron a encender las alarmas en el sector agropecuario de Entre Ríos. Productores arroceros de San Salvador, considerada la "Capital Nacional del Arroz", alertaron sobre el durísimo panorama que atraviesa la actividad, signado por precios internacionales deprimidos, insumos inaccesibles y una falta total de financiamiento que amenaza con provocar una caída de entre 15.000 y 20.000 hectáreas en la superficie destinada al cultivo para la próxima campaña.
Luciano Challio, titular de la Filial San Salvador de la Federación Agraria Argentina (FAA), reflejó la preocupante reconversión forzosa del sector en la zona: “Llegamos a ser más de 700 productores en la región, trabajando tanto en chacras como en superficies más extensas. Hoy no llegamos a 140 los que seguimos produciendo”. Según explicaron desde la entidad, reina una profunda incertidumbre justo en la época en la que debe comenzar la preparación de la tierra para el nuevo ciclo productivo.
El gran desajuste en los números responde a un combo letal de costos al alza y desplome de los precios de venta. El riego artificial, clave para el cultivo, demanda unos 100 días continuos de bombeo mediante pozos profundos, lo que eleva de forma exponencial el consumo energético. A esto se sumó el impacto del combustible: una hectárea de arroz requiere entre 400 y 600 litros de gasoil. El combustible, que históricamente representaba el 32% del costo operativo, pasó a significar el 54%. En poco tiempo, el litro de gasoil saltó de 1.600 pesos a 2.400 pesos al momento de la zafra.
Rindes récord que no tapan la caída del precio
Por su parte, el productor Víctor Odiard señaló que, aunque la última campaña fue buena en materia climática y de rindes —con promedios altos de entre 8.000 y 8.500 kilos por hectárea—, los resultados fueron totalmente insuficientes para alcanzar la rentabilidad. “Quedamos unos 4.000 kilos por debajo de lo necesario para, al menos, cerrar los números; necesitábamos como mínimo 12.500 kilos por hectárea”, graficó.
La distorsión de precios internacionales terminó de golpear al sector. Mientras que la campaña 2023/24 registró picos históricos de entre 400 y 420 dólares por tonelada, el valor actual ronda apenas los 220 dólares. Esta situación afectó principalmente a los pequeños y medianos productores, quienes se vieron obligados a vender su producción de forma inmediata para cubrir deudas, sin posibilidad de retener el grano para esperar la reciente y leve mejora del mercado. Ante la falta de herramientas financieras, los productores quedan sujetos a los valores que fija la industria y a un mercado exportador que estuvo prácticamente paralizado hasta el mes de junio. Desde la FAA remarcaron que el auxilio con líneas de crédito blandas del Banco Nación es vital para evitar que los suelos vertisoles de la provincia, ideales para este grano, dejen de producir el alimento.