Tras acusar a la República Islámica de planear un atentado en su contra, el mandatario estadounidense afirmó tener mil misiles apuntando a ese país. En tanto, el heredero del fallecido líder supremo iraní advirtió que la represalia es inevitable. Crece la alarma mundial.
Redacción EL ARGENTINO
El fantasma de una guerra de alcance global volvió a instalarse con fuerza en la agenda internacional. La histórica disputa entre Estados Unidos e Irán ingresó en una fase de máxima hostilidad tras una jornada de amenazas cruzadas de destrucción mutua, ofensivas armadas en puntos estratégicos de Medio Oriente y el virtual bloqueo del estrecho de Ormuz, la principal arteria del comercio petrolero mundial.
El detonante del nuevo pico de tensión fueron las declaraciones de Mojtaba Jamenei, hijo y sucesor del fallecido líder supremo iraní Alí Jamenei. El dirigente aseguró que la venganza por la muerte de su padre —ocurrida el pasado 28 de febrero— es "inevitable" y lanzó una dura advertencia: "Los responsables ya están identificados y no tendrán una muerte tranquila". En sintonía, un periódico conservador de Teherán difundió una lista con los rostros de 13 líderes extranjeros señalados como objetivos, entre ellos el presidente norteamericano, autoridades israelíes y altos mandos europeos.
La respuesta de Washington no tardó en llegar. Donald Trump acusó abiertamente a la República Islámica de haber intentado asesinarlo y aseguró que su administración está lista para "diezmar y destruir por completo" a Irán si es necesario. El jefe de Estado norteamericano subió la apuesta al revelar detalles del despliegue bélico: afirmó que el Pentágono mantiene unos 1.000 misiles apuntando directamente hacia territorio iraní, respaldados por miles de ojivas adicionales en reserva.
Ofensiva militar y parálisis en los mercados energéticos
La retórica ya tiene un correlato de sangre en el terreno. Teherán confirmó la muerte de un militar tras un bombardeo de las fuerzas de Estados Unidos contra el puerto de Jask, sobre el golfo de Omán. Como contraofensiva, la Guardia Revolucionaria iraní ejecutó ataques contra bases e instalaciones en países de la región que albergan tropas estadounidenses, golpeando posiciones en Kuwait, Baréin, Catar y Omán.
"El estrecho de Ormuz es más importante para nosotros que decenas de bombas atómicas", advirtió Mohsen Rezaee, asesor del liderazgo supremo iraní, al ratificar las restricciones a la navegación.
Esta última ofensiva contra el territorio de Omán y Catar paralizó las gestiones de paz. Ambos países del Golfo venían actuando como intermediarios históricos clave para reabrir canales diplomáticos entre Washington y Teherán, pero los recientes impactos en sus fronteras complicaron la viabilidad de una tregua en el corto plazo.
El foco de mayor preocupación global se concentra en el estrecho de Ormuz, vía navegable por donde transita la mayor parte del crudo y el gas del planeta. Irán mantiene restringido el paso y obliga a los buques comerciales a navegar únicamente por un estrecho corredor pegado a sus costas. Los peligros de esta política quedaron en evidencia tras el ataque al buque de carga GFS Galaxy frente a las costas omaníes. El Comando Central de Estados Unidos responsabilizó a Teherán por la agresión, que dejó el barco inutilizado por un incendio en la sala de máquinas y obligó al rescate de urgencia de diez tripulantes de nacionalidad india, mientras uno permanece desaparecido.
Fuente: Agencia NA