Mientras en el mundo anglosajón el temor se concentra en el viernes 13, en gran parte de los países hispanohablantes el martes 13 es sinónimo de mala fortuna.
Redacción EL ARGENTINO
“En martes, ni te cases ni te embarques” es uno de los refranes más conocidos del mundo hispano y resume el lugar que ocupa este día en el imaginario colectivo. Cada vez que el calendario marca martes 13, muchas personas evitan tomar decisiones importantes, viajar o firmar contratos, aun cuando no se consideren supersticiosas.
Lejos de ser una creencia moderna, el temor al martes 13 se fue construyendo a lo largo de siglos a partir de la combinación de dos elementos considerados adversos: el día martes y el número 13.
El número 13: símbolo de ruptura y desequilibrio
En distintas culturas occidentales, el número 12 representa la idea de orden y totalidad: los 12 meses del año, los 12 signos del zodíaco, los 12 apóstoles y las 12 tribus de Israel. El 13, al romper esa armonía, quedó asociado simbólicamente al desorden y a lo imprevisible.
En la tradición cristiana, además, el número 13 se vincula con la Última Cena, en la que Jesús y sus 12 apóstoles sumaban 13 personas, siendo Judas -el traidor- el último en incorporarse. Esta asociación reforzó la idea del 13 como presagio negativo.
Martes: el día de Marte y la idea de conflicto
El rechazo al día martes tiene raíces en la mitología romana. Su nombre proviene de Marte, dios de la guerra, asociado a la violencia, la destrucción y el conflicto. Por esta razón, en la antigüedad se lo consideraba un día poco propicio para iniciar proyectos, viajes o compromisos importantes.
En la tradición medieval europea, el martes también era visto como un día desfavorable para los acuerdos y las uniones, lo que dio origen a expresiones populares que se mantuvieron en el tiempo.
Caídas, derrotas y hechos históricos que alimentaron la creencia
A lo largo de la historia, ciertos acontecimientos ocurridos en martes fueron incorporados al relato popular como prueba de su mala fortuna. Entre ellos, la caída de Constantinopla en 1453 -que marcó el fin del Imperio Bizantino- ocurrió un martes, hecho que tuvo gran impacto en el mundo cristiano de la época.
Aunque no existe evidencia científica que relacione el día con mayor cantidad de tragedias, estos episodios históricos contribuyeron a consolidar la percepción negativa del martes en el imaginario social.
Martes 13 en el mundo hispano y viernes 13 en la cultura anglosajona
La superstición no es universal. Mientras que en España, América Latina y Grecia se teme al martes 13, en los países anglosajones el día asociado a la mala suerte es el viernes 13.
En ese caso, el viernes se vincula con creencias religiosas -como el día de la crucifixión de Jesús- y con antiguas tradiciones medievales. Ambos calendarios supersticiosos, sin embargo, coinciden en el mismo número: el 13, considerado el verdadero protagonista del temor.
Psicología de la superstición: por qué persiste en la actualidad
Especialistas en comportamiento social explican que las supersticiones funcionan como mecanismos de control frente a la incertidumbre. Creer que ciertos días son “peligrosos” permite a las personas sentir que pueden prevenir riesgos mediante conductas de evitación o rituales protectores.
Además, el refuerzo cultural -a través de refranes, películas, series y redes sociales- mantiene viva la creencia, incluso en contextos donde prima el pensamiento racional. El martes 13, así, se transforma en un fenómeno social más que en una amenaza real.
Entre la tradición, el humor y la costumbre
Hoy, para muchas personas el martes 13 es más una curiosidad cultural que un verdadero motivo de temor. Sin embargo, la fecha sigue generando cambios de conducta, cancelaciones de eventos y bromas que se repiten año tras año.
Entre la herencia histórica, la transmisión oral y la influencia mediática, la superstición del martes 13 continúa ocupando un lugar particular en la cultura popular, recordando que, incluso en sociedades modernas, las creencias ancestrales siguen teniendo un peso simbólico difícil de erradicar.