El partido de Keir Starmer sufrió un duro revés en Inglaterra, Escocia y Gales. El ascenso de Nigel Farage y los nacionalistas abre un escenario fragmentado que pone en duda la estabilidad del gobierno británico.
Redacción EL ARGENTINO
El laborismo británico, liderado por el primer ministro Keir Starmer, sufrió una derrota contundente en las elecciones municipales inglesas y parlamentarias de Escocia y Gales. El resultado deja al oficialismo debilitado y abre paso a un nuevo mapa político donde crecen la ultraderecha, los verdes, los liberal-demócratas y los partidos nacionalistas.
En Inglaterra, el gran ganador fue Nigel Farage, referente de la ultraderecha y del voto Brexit, que celebró el “principio del fin del bipartidismo” y acusó a Starmer de ser un premier “débil y sin objetivos”. Los verdes y los liberal-demócratas también avanzaron, arrebatando alcaldías y concejales a laboristas y conservadores.
Escocia y Gales, con fuerte impronta nacionalista
En Escocia, los partidos independentistas lograron una marcada ventaja, mientras que en Gales el histórico dominio laborista quedó en riesgo: los nacionalistas del Plaid Cymru y Reform UK desplazaron al oficialismo a un tercer lugar.
El panorama refleja una fragmentación inédita: Inglaterra con una ultraderecha en ascenso, Escocia y Gales con fuerzas secesionistas fortalecidas, y los partidos tradicionales debilitados. Analistas como Richard Murphy señalan que “una nueva Inglaterra está emergiendo” y que el voto protesta expresa el hartazgo frente al neoliberalismo y la crisis social.
El propio Starmer reconoció la derrota: “Son resultados muy duros. Hemos perdido concejales valiosos en todo el país. Eso duele mucho y asumo la responsabilidad. Pero no pienso renunciar. Tengo un mandato de cinco años y voy a cumplirlo”.
Sin embargo, la presión aumenta: hoy es el primer ministro con peor imagen en décadas y enfrenta un país fragmentado, con tensiones sociales y económicas que amenazan la estabilidad de su gobierno.