David relató cómo el trabajo le cambió la vida y lo convirtió en la primera persona con síndrome de Down en acceder a una jubilación en Jujuy. Su historia es un hito de inclusión laboral y un ejemplo de constancia, autonomía y derechos garantizados.
Redacción EL ARGENTINO
Desde su casa en San Salvador de Jujuy, David María Carrillo habla con orgullo de su recorrido laboral en el Poder Judicial de la provincia. A los 48 años, tras dos décadas de servicio, se convirtió en el primer trabajador con síndrome de Down en jubilarse en Jujuy, un logro que marca un precedente en materia de inclusión y justicia social.
Carrillo ingresó al Poder Judicial hace 20 años, primero en el archivo de Tribunales, cosiendo expedientes y trasladándolos. Luego pasó a la Cámara Civil y Comercial N°1, donde durante la pandemia se dedicó a transcribir decretos en computadora, tarea que disfrutaba especialmente. “Me cambió la vida porque me permitió ganar plata y ahorrar. Me pude comprar una notebook, un celular, un reloj y ropa nueva”, contó.
Su rutina laboral le dio independencia y autonomía: preparaba su ropa y materiales el día anterior, iba en bicicleta o caminando, y más tarde lo acompañaba su padre. “Nunca me discriminaron ni me hicieron bullying. Siempre me ayudaron un montón”, recordó sobre sus compañeros.
La jubilación fue posible gracias a una ley que habilita este derecho a personas con discapacidad intelectual con más de 20 años de servicio y más de 45 años de edad. La asociación Todos Juntos Jujuy, fundada por su familia, acompañó el proceso y celebró el logro como un hito en materia de derechos.
Una vida plena tras el trabajo
Hoy, David María dedica sus días a nuevas actividades: estudia portugués, dibuja historietas, practica aquafitness, lee la saga Magnus Chase y los dioses de Asgard, baila y visita a sus amigos en la granja del centro ocupacional “Nicky”. También cuida a su padre de 81 años y pasea a su perro Black. “Me siento bien, orgulloso, con ganas de descansar y hacer nuevas actividades”, expresó.
Su mensaje final es claro: “Me gustaría que todos los chicos tuvieran las mismas oportunidades que tuve yo”. La asociación Todos Juntos Jujuy subrayó que su historia demuestra que la inclusión laboral no es un gesto simbólico, sino una práctica concreta que transforma vidas y sociedades.