Tres barcos con ayuda internacional llegarán a La Habana en medio de la crisis por el embargo y la escasez de agua, alimentos y medicamentos. La población aguarda con esperanza, aunque con resignación, que la asistencia alivie las carencias cotidianas.
Redacción EL ARGENTINO
Cuba vive días de tensión y expectativa ante la inminente llegada de la flotilla ‘Nuestra América’, integrada por tres buques con activistas y organizaciones sociales que transportan unas 20 toneladas de ayuda humanitaria. El convoy, impulsado por la Internacional Progresista y respaldado por figuras como Greta Thunberg, busca mitigar los efectos del embargo estadounidense y la falta de combustible venezolano, que han recrudecido la crisis en la isla.
En barrios populares como Cerro, en La Habana, las familias esperan con ansiedad. Mariana, madre de una niña de dos años, lleva semanas sin agua y apenas logra alimentar a su hija con yogur. Vecinos del municipio protestaron recientemente tras 19 días sin suministro, logrando acuerdos con las autoridades para recibir algunos toneles, aunque insuficientes. “Dios quiera que me llegue algo de esa ayuda, porque falta hace”, suspira.
El convoy ya entregó cinco toneladas de alimentos, medicamentos y paneles solares en hospitales como el Hermanos Ameijeiras, donde médicos denuncian la falta de insumos básicos. “Es muy triste ver cómo no tenemos medicamentos de primera línea para pacientes críticos”, reconoció el doctor Fernando Trujillo.
La flotilla, compuesta por medio centenar de personas en cada barco, incluye dirigentes políticos y activistas internacionales como Jeremy Corbyn, Pablo Iglesias y Hasan Piker. Su objetivo declarado es “forjar un frente de solidaridad regional” y presionar a los gobiernos para que envíen petróleo, comida y medicinas. Sin embargo, sus organizadores admiten que la ayuda no alcanza para suplir todas las necesidades de la isla.
Mientras tanto, la población cubana se aferra a la esperanza de que esta iniciativa, junto con otros envíos como el de Rusia con combustible, alivie al menos en parte la crisis. “Ojalá pronto estén llegando más barcos como este”, dice Roberto, trabajador de un hotel vacío en La Habana Vieja, mirando al mar con ansiedad y resignación.